Reflexión de Begoña Moreno Megías.
Cooperativista de Entrealisios
Vivir juntos también significa aprender a encontrarnos
Cuando imaginamos EntreAlisios, es fácil pensar en todo aquello que queremos compartir: espacios, conversaciones, proyectos, cuidados, momentos de celebración y también esos pequeños momentos cotidianos que hacen que una comunidad se convierta en hogar.
Pero vivir juntos significa algo más: aprender a convivir con nuestras diferencias.
Porque allí donde existen personas, existen distintas formas de pensar, de sentir, de interpretar las cosas y de afrontar las situaciones. Y, inevitablemente, aparecerán desacuerdos, malentendidos, frustraciones o conflictos.
El conflicto no significa necesariamente que un vínculo esté roto.
A veces significa simplemente que dos necesidades, dos miradas o dos maneras de entender una situación necesitan ser escuchadas y comprendidas.
Y quizá uno de los grandes aprendizajes de una comunidad no sea evitar el conflicto, sino aprender qué hacer cuando aparece.
Durante mucho tiempo hemos aprendido a mirar el conflicto como algo negativo, como algo que hay que evitar o solucionar rápidamente.
Sin embargo, quizá podamos cambiar la mirada.
Un conflicto bien abordado puede convertirse en una oportunidad para conocernos mejor, revisar aquello que no está funcionando y construir nuevas formas de relacionarnos.
El problema no siempre está en que exista el conflicto. El verdadero problema puede aparecer cuando dejamos de hablar, dejamos de escucharnos o convertimos al otro en el problema.
En una comunidad como EntreAlisios, donde queremos compartir una parte importante de nuestras vidas, no podemos aspirar a que nunca haya conflictos.
Podemos aspirar a algo mucho más realista y valioso:
aprender a gestionarlos sin destruir los vínculos.
Cuando el conflicto nos atrapa
Hay momentos en los que el conflicto puede atraparnos.
Nos quedamos dando vueltas a lo sucedido, intentando encontrar las palabras adecuadas para explicar lo que sentimos, esperando que la otra persona comprenda nuestro punto de vista y reconozca el daño que hemos vivido.
Y mientras esperamos ser comprendidos, podemos quedarnos detenidos.
A mí misma me ha ocurrido.
Ante determinadas situaciones dentro de nuestro camino compartido, me descubrí demasiado centrada en el conflicto, en lo que había sucedido y en la necesidad de que los demás pudieran comprender cómo me había sentido.
Hasta que, en un momento de reflexión, comprendí que necesitaba tomar cierta distancia de lo ocurrido para poder mirarlo desde otra perspectiva.
Cuando estamos dentro del conflicto, es fácil quedar atrapados en nuestro propio dolor, en aquello que consideramos injusto o en la necesidad de que los demás comprendan nuestra posición.
Al tomar distancia, pude hacerme una pregunta diferente:
¿Y si, en lugar de preguntarme cómo conseguir que me comprendan, me pregunto qué puedo hacer yo para reparar?
La pregunta cambió mi manera de mirar.
No porque dejara de importar lo que había sentido.
No porque aquello que me había dolido dejara de tener importancia.
Y tampoco porque toda la responsabilidad fuera mía.
La pregunta significaba algo diferente: recuperar mi propia capacidad de actuar y dejar de depender exclusivamente de que los demás comprendieran mi experiencia para poder avanzar.
Podía escucharme a mí misma, reconocer mi dolor, poner mis límites y, al mismo tiempo, preguntarme qué parte podía aportar yo para cuidar o recuperar el vínculo.
No siempre necesitamos que el otro nos comprenda
Todos necesitamos sentirnos escuchados y comprendidos. Es algo profundamente humano.
Queremos poder explicar lo que nos ha ocurrido, expresar nuestro dolor y sentir que el otro puede ponerse, aunque sea por un momento, en nuestro lugar.
Pero quizá nuestra tranquilidad no pueda depender siempre de conseguir que el otro vea las cosas exactamente como nosotros las vemos.
Podemos explicar nuestro dolor.
Podemos expresar nuestra verdad.
Podemos pedir que nos escuchen.
Pero también podemos decidir que nuestra capacidad para avanzar no dependa de obtener esa comprensión.
Porque existe una pregunta que puede abrir una puerta diferente:
¿Qué puedo hacer yo ahora para reparar, cuidar el vínculo o recuperar mi propia serenidad?
Esto no significa asumir una responsabilidad que no nos corresponde, ni aceptar aquello que nos hace daño.
Significa recuperar nuestra capacidad de elección.
Porque quizá no podamos controlar cómo reaccionará el otro, pero sí podemos decidir desde qué lugar queremos responder nosotros.
Una de las ideas que considero más importantes para nuestra futura convivencia es esta:
reparar no significa hacer como si nada hubiera ocurrido.
Reparar significa reconocer que algo ha sucedido, poder hablar de ello y buscar una manera diferente de continuar.
A veces la reparación comienza con una disculpa.
Otras veces comienza simplemente con escuchar.
También puede consistir en reconocer nuestra parte de responsabilidad, aunque no seamos los únicos responsables.
Y en ocasiones reparar significa cambiar una conducta.
Porque decir “lo siento” tiene valor, pero la reparación verdadera aparece cuando nuestras acciones posteriores muestran que hemos comprendido lo ocurrido.
Reparar tampoco significa necesariamente volver a estar exactamente como antes.
A veces significa construir una relación diferente, con nuevos límites, nuevas conversaciones y nuevos acuerdos.
Quizá reparar no siempre significa reconstruir exactamente aquello que había antes.
A veces significa hablar.
A veces escuchar.
A veces pedir perdón.
A veces aceptar una disculpa.
A veces poner un límite.
Y otras veces significa simplemente dejar de luchar para que el otro vea las cosas exactamente como las vemos nosotros.
Porque también existe una forma de reparación que ocurre dentro de nosotros: dejar de alimentar el conflicto, recuperar nuestra serenidad y decidir desde dónde queremos relacionarnos a partir de ahora.
Y eso no significa olvidar.
Significa dejar de vivir atrapados en aquello que ocurrió.
Hay momentos en los que reparar consiste precisamente en soltar aquello que ya no podemos cambiar y elegir cómo queremos seguir.
Un vínculo no se mantiene únicamente porque exista afecto o porque compartamos un proyecto.
Necesita cuidado.
Necesita escucha, respeto, confianza, reconocimiento y también límites.
A veces cuidar un vínculo significa acercarnos. Otras veces significa saber tomar distancia para poder volver a hablar desde un lugar más tranquilo.
También significa poder decir:
“Esto me ha dolido.”
“No estoy de acuerdo.”
“Necesito que hablemos de esto.”
“Quizá yo también haya contribuido a que esta situación se complicara.”
Estas frases pueden parecer sencillas, pero requieren algo muy importante: la voluntad de preservar la relación incluso cuando estamos en desacuerdo.
Cuidar el vínculo no significa pensar igual.
Significa poder ser diferentes sin dejar de reconocernos como parte de una misma comunidad.
Un espacio seguro también necesita poder hablar del conflicto
Cuando hablamos de construir un espacio seguro en EntreAlisios, no deberíamos imaginar un lugar donde nunca existan tensiones.
Un espacio seguro es aquel donde podemos expresar nuestras diferencias sin miedo a ser humillados, excluidos o descalificados.
Es un lugar donde podemos decir que algo no nos gusta.
Donde podemos equivocarnos.
Donde podemos pedir ayuda.
Donde podemos poner límites.
Y donde también podemos escuchar que nuestra conducta ha podido afectar a otra persona.
La seguridad no consiste en que todos pensemos igual.
Consiste en saber que podemos pensar diferente y seguir perteneciendo.
Esta idea me parece especialmente importante para el proyecto que estamos construyendo.
Porque si queremos compartir nuestras vidas, necesitamos sentir que podemos mostrarnos tal como somos, también cuando no estamos de acuerdo.
Nuestros valores también se ponen a prueba en el conflicto
Los valores de una comunidad son fáciles de defender cuando todo funciona bien.
La verdadera prueba aparece cuando surge una dificultad.
Es entonces cuando la solidaridad, el respeto, la colaboración, la responsabilidad y el cuidado dejan de ser palabras y se convierten en comportamientos.
Si queremos que EntreAlisios sea un referente de convivencia, tendremos que aprender no solo a compartir los buenos momentos, sino también a atravesar juntos los momentos difíciles.
Quizá ahí esté una de las mayores oportunidades de nuestro proyecto.
Porque los valores no se demuestran cuando estamos de acuerdo.
Se ponen a prueba cuando pensamos diferente.
Crear una cultura de reparación
Podemos empezar a construir desde ahora una cultura en la que el conflicto no sea un fracaso, sino una oportunidad de aprendizaje.
Una cultura en la que podamos preguntarnos:
¿Qué ha ocurrido realmente?
¿Cómo me he sentido?
¿Cómo puede haberse sentido la otra persona?
¿Qué necesito y qué necesita el otro?
¿Qué parte de responsabilidad puedo asumir?
¿Qué necesitamos cambiar para que esto no vuelva a ocurrir?
¿Qué podemos hacer para reparar el vínculo?
No siempre encontraremos una solución inmediata.
No todos los conflictos tendrán el mismo resultado.
Y habrá momentos en los que necesitaremos ayuda externa, mediación o simplemente tiempo.
Pero incluso entonces podemos mantener una idea fundamental:
el objetivo no es eliminar las diferencias, sino aprender a relacionarnos con ellas.
Lo que esta experiencia me ha enseñado
Quizá esta reflexión sea especialmente importante para EntreAlisios porque estamos construyendo una comunidad.
Y una comunidad no se construye solamente con grandes proyectos, reuniones y acuerdos.
Se construye también con nuestra capacidad para atravesar los momentos incómodos.
Con la capacidad de decir:
“Esto me ha dolido, pero no quiero quedarme atrapada aquí.”
“Quiero que mi experiencia sea escuchada, pero también quiero escuchar.”
“Quiero ser comprendida, pero también quiero comprender.”
Y, sobre todo:
“Quiero preguntarme qué puedo hacer para reparar.”
Tal vez ahí esté una de las claves de la convivencia que queremos construir.
No esperar que nunca nos hagamos daño.
Sino aprender a reconocerlo, hablarlo, repararlo y continuar caminando.
Una comunidad no se define por la ausencia de conflictos
Creo que una comunidad verdaderamente madura no es aquella en la que todos están de acuerdo.
Es aquella que ha aprendido a discrepar sin destruirse, poner límites sin excluir y reparar sin humillar.
EntreAlisios puede convertirse en un espacio donde aprendamos precisamente eso.
Un lugar donde podamos descubrir que convivir no significa renunciar a quienes somos, sino aprender a hacer espacio para que también puedan ser los demás.
Y quizá ese aprendizaje sea uno de los mayores legados que podamos dejar.
Porque el legado de una comunidad no estará solamente en los espacios que construyamos, sino también en la manera en que aprendamos a relacionarnos dentro de ellos.
Estamos construyendo algo que va mucho más allá de un lugar donde vivir.
Estamos construyendo una forma de relacionarnos.
Y si algún día queremos que EntreAlisios sea un referente, quizá no tengamos que demostrar que somos una comunidad sin conflictos.
Quizá nuestro verdadero referente sea poder decir:
Aquí las personas pueden tener diferencias.
Aquí podemos equivocarnos.
Aquí podemos hablar.
Aquí podemos poner límites.
Aquí podemos escucharnos.
Y, cuando un vínculo se rompe, buscamos la manera de repararlo.
Porque los vínculos no se hacen fuertes porque nunca sufran heridas.
Se hacen fuertes cuando aprendemos a cuidarlos, incluso después de haber sido heridos.
Y tal vez ahí encontremos una de las claves de nuestro proyecto:
No construir una comunidad perfecta, sino una comunidad capaz de aprender, cuidarse, repararse y seguir creciendo.